Dominio y Sumision

Esta es una categoría inmensa en la que se incluye toda forma de entregar o tomar el poder, desde una sesión profesor/alumnx de una hora hasta una relación propietarix/esclavx mucho más profunda y que dure décadas.

Lo que tienen en común todas las sesiones y escenas que se comentarán aquí es que tienen su fuente de placer en recrear situaciones de poder del mundo real, pero en maneras que nos resultan seguras, excitantes, que nos aportan cosas y que las disfrutan todas las personas involucradas.

Para jugar con el poder de manera segura es importante entender dónde empieza y termina la diferencia de poder entre tu top y tú. ¿Lo vas a hacer el tiempo que dure la sesión, por un día, un fin de semana, un mes, un año?

Hemos visto gente acabar mal por entender que la única manera “correcta” de jugar con el poder es entregar todo el que puedas: pasan de “hola, me llamo Susana” a una relación 24/7 de amx y esclavx sin pasos intermedios. Más tarde descubren que algunos aspectos de este tipo de relación no funcionan en su caso, pero no creen que sea correcto cambiar las reglas mientras juegan. Y luchan sin éxito para conseguir algo inviable, para acabar ambxs amantes sintiéndose como unxs fracasadxs por no haber sido capaces de llevar a la realidad un ideal que no es para ellxs.

En su lugar, sugerimos que empieces por dar a tu dominante el poder de facetas de tu vida en las que ya te sientes suficientemente segurx : el poder para exigirte ciertas conductas sexuales, el poder para producirte determinadas sensaciones, o para mandarte llevar a cabo determinadas tareas. Cuando haya funcionado bien durante una temporada, puedes probar a añadir cosas nuevas a lo que ya funciona bien.. De esa manera es bastante probable que sea un éxito cada parcela de poder que entregues… y te aseguramos que es bastante más divertido que sentirse un fracaso realizando tu propia fantasía!

Pensamos que es buena idea que te preguntes qué te funciona a ti, en lugar de intentar encajar en un patrón de conducta creado por otra gente para adaptarse a sus necesidades y no a las tuyas.

Seguramente vamos a decepcionar a algunxs lectorxs aquí cuando insistimos en que la sumisión no es una solución, una cura para una vida que parece estar fuera de control, y no debe ser una vía para evitar las preocupaciones y problemas de la vida de una persona adulta en el siglo XXI.

Si tienes problemas con tu vida, intenta solucionarlo —quizás con la ayuda de buenxs terapeutas, de asesores de carrera, de clínicas para tratar adicciones o cualquier otro profesional que parezca adecuadx— y tendrás un auténtico regalo para la afortunada persona dominante que tenga la suerte de poseerte.

Algunxs dominantes y sumisxs disfrutan con intercambio de poder (power exchange) que incluye algún tipo de servicio: puede ser servicio sexual, puede ser servicio personal como masajes o pedicura, servicio doméstico como limpiar la casa, cocinar, ser mayordomo o servicio en el “mundo exterior”: Janet conoció una vez a un asesor financiero que había hecho millonaria a su dominante.

Lo que es más importante recordar es que has aceptado dar servicio, darlo de manera incondicional e inmejorable. Casi no hay nada que enfade más a una persona dominante que cuando una persona sumisa decide que la labor que había aceptado hacer no le parece excitante o divertida y decide “vaguear”… excepto en el caso en que lo hace a propósito para que le castiguen. Pero en ese caso no estamos ante una sesión de servicio, sino de SQSCML (sumisx que se cree muy listx) o de resistencia y debe ser negociada como tal.

En caso contrario, tienes asegurado el decepcionar o enfadar a tu dominante… y una persona dominante competente no te castigará: te dirá que te vayas y se negará a jugar contigo sin una negociación hecha en serio.

Si tu dominante quiere entrenarte para que le des un servicio de la manera que le gusta, reconoce que el tiempo que pone en eso es una inversión en tu valor futuro como sumisx. Acepta el entrenamiento con gratitud y entusiasmo.

No olvides que lxs sumisxs serviciales pueden tener límites y también pueden pedir lo que quieren. Si erotizas el simple hecho de lavarle los platos a tu dominante, perfecto. Pero si no, asegúrate de que pides lo que quieres, o tienes posibilidades de acabar frustradx y con las manos irritadas de tanto lavar platos.

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